Luxia · guía
Casi todo el mundo que estudia idiomas en serio acaba oyendo hablar de Anki. Casi todo el mundo lo instala. Y bastantes lo dejan antes de un mes. El motivo no es que sea malo — es que el trabajo está mal repartido.
Anki es un programa de repaso espaciado, gratuito y de código abierto, con casi veinte años detrás. Su algoritmo está probado, es configurable hasta el último detalle, funciona sin conexión, sincroniza entre dispositivos y tus datos son tuyos y exportables. Para quien lo usa a diario, es una herramienta seria y difícil de superar.
Si ya te llevas bien con Anki, no hay ningún motivo para cambiar. Lo que sigue va para quien lo intentó y no le duró.
Una ficha buena de vocabulario lleva bastante más que la palabra y su traducción. Lleva la categoría, un ejemplo real, la pronunciación, y en el caso de las expresiones la forma correcta con sus huecos. Hacer eso bien son unos minutos por palabra, entre buscar en el diccionario, copiar y pegar y dar formato.
Multiplícalo por las quince palabras que salen de una clase. El repaso de Anki cuesta cinco minutos al día; fabricar el material para ese repaso cuesta media hora. Y ese es el trabajo que se deja de hacer un martes que llegas tarde, y luego otro, y a la tercera semana tienes una cola de ochenta palabras sin meter y dejas de abrirlo.
La salida clásica es bajarse un mazo hecho por otro. Funciona para un examen oficial, donde el temario es fijo, pero no para lo que te vas encontrando tú: las palabras de tu clase, de la serie que estás viendo y del libro que estás leyendo no están en el mazo de nadie.
Anki te enseña sus mandos. Intervalos, facilidad, límites diarios, tipos de nota, mazos anidados, complementos. Es lo que lo hace tan potente, y también lo que hace que alguien de dieciséis años que solo quería no olvidar las palabras de clase se encuentre decidiendo cosas que no sabe decidir.
Quizlet es lo más cómodo de arrancar y lo más conocido en institutos, pero las fichas las sigues haciendo tú y el repaso espaciado de verdad está en la versión de pago.
Memrise trae cursos ya hechos con vídeos de hablantes nativos; sirve muy bien para vocabulario general, menos para el tuyo.
Duolingo no compite en esto: enseña su propio temario con un curso cerrado. Está bien para empezar un idioma, no para guardar las palabras que te encuentras.
Luxia ataca justo el primer problema: la ficha no la haces tú. Escribes la palabra —o le haces una foto al cuaderno— y el significado, el nivel, los ejemplos y el audio los genera la IA. El repaso espaciado viene puesto y no hay nada que configurar. A cambio cede lo que Anki tiene de sobra: no hay mandos para todo, y por ahora solo hace inglés. Es gratis y se exporta a CSV cuando quieras.
Si te gusta trastear y vas a preparar un examen con temario fijo, quédate con Anki: no hay nada mejor y no cuesta dinero. Si lo que te frena es tener que fabricar cada ficha, busca algo que te quite ese paso, porque es el que hace que se abandone. Y mires lo que mires, comprueba que puedas sacar tus datos: vas a meter meses de trabajo ahí dentro.