Luxia · guía

Por qué se te olvidan las palabras de inglés que apuntas

Si tienes tres cuadernos llenos de vocabulario y sigues sin acordarte de casi nada, el problema no es tu memoria ni tu constancia. Es el método, y se sabe desde hace más de cien años por qué falla.

Apuntar y aprender no son lo mismo

Cuando escribes una palabra en un cuaderno haces dos cosas a la vez: guardarla y entenderla en ese momento. Las dos están bien, pero ninguna de las dos es aprenderla. Aprender una palabra significa poder sacarla de la cabeza dentro de tres semanas sin que nadie te la recuerde, y eso no depende de lo bien que la apuntes: depende de cuántas veces vuelvas a ella y de cuándo.

Por eso pasa lo que pasa. Repasas los apuntes el día antes del examen, apruebas, y dos meses después esas mismas palabras te suenan pero no sabrías usarlas. No se te han borrado por ser difíciles: se han borrado porque nadie te hizo volver a ellas en el momento en que estabas a punto de perderlas.

La curva del olvido, y lo que de verdad significa

A finales del siglo XIX, Hermann Ebbinghaus se pasó años memorizando listas de sílabas sin sentido y midiendo cuánto aguantaba antes de olvidarlas. Lo que encontró es que el olvido no es lento y constante: es una caída muy brusca justo al principio y una cola muy larga después. La mayor parte de lo que vas a olvidar lo olvidas en las primeras horas y los primeros días.

Lo importante no es el dato triste, sino la segunda mitad del hallazgo: cada vez que recuperas algo justo antes de perderlo, la curva se aplana. La siguiente vez aguanta más. Y la siguiente, mucho más. Con cinco o seis repasos bien colocados, una palabra pasa de durarte un día a durarte meses.

De ahí sale el repaso espaciado: en vez de repasarlo todo cada semana, cada palabra tiene su propia fecha, y esa fecha se calcula según si la aciertas o la fallas. Lo que ya te sabes deja de aparecer y te deja tiempo para lo que no.

Los tres motivos reales por los que falla el cuaderno

El primero es que no te avisa. Un cuaderno es un sitio donde dejar cosas, no algo que te llame. Volver a él depende de que te acuerdes tú, y el día que te acuerdas es justo el día en que ya no hacía falta: si te acuerdas de la palabra, no era esa la que tenías que repasar.

El segundo es la dispersión. El vocabulario no llega de un sitio: llega de clase, de la academia, de una serie, de un libro, de una conversación. Acaba repartido en cuatro cuadernos, las notas del móvil y un folio suelto. Y un vocabulario que está en cinco sitios no se repasa desde ninguno.

El tercero es que repasas lo que ya sabes. Cuando abres la lista por el principio, las primeras palabras son siempre las mismas, y son las que mejor te sabes precisamente porque las has visto más veces. El esfuerzo se te va en lo que ya está hecho.

Qué hacer, aunque no uses ninguna aplicación

Junta todo en un solo sitio, el que sea. Mientras el vocabulario esté repartido no hay nada que arreglar, porque no hay nada que repasar entero.

Repasa poco y a menudo, no mucho de golpe. Diez palabras al día todos los días valen muchísimo más que setenta el domingo, y la diferencia no es de opinión: es lo mismo de la curva.

Y oblígate a recordar antes de mirar. Leer la palabra con la traducción al lado no cuenta como repaso; lo que fija es intentar sacarla y fallar. El esfuerzo es el que hace el trabajo, aunque sea incómodo y parezca que va más lento.

Y con una aplicación

Luxia hace exactamente esas tres cosas sin que tengas que organizarlas tú: guardas la palabra en dos segundos —escrita o con una foto del cuaderno—, se queda junto con todo lo demás, y la app calcula el día en que estás a punto de olvidarla y te la devuelve ese día. Es gratis, se abre en el navegador y no hay que descargar nada.